Los iluminados by Marcos Aguinis

Los iluminados by Marcos Aguinis

Author:Marcos Aguinis
Language: es
Format: mobi
Published: 2011-04-20T22:00:00+00:00


Tengo ganas de verte

Necesidad de verte

Esperanza de verte

Desazones de verte

Tango ganas de hallarte

Preocupación de hallarte

Tengo urgencia de oírte

Alegría de oírte

Y temores de oírte

O sea

Resumiendo

Estoy jodido

Y radiante

Quizás más lo primero

Que lo segundo

Y también viceversa.

DIARIO DE DOROTHY

Me gusta este Damián. Tiene un porte magnífico. Y un tierno mechón de pelo que le cae sobre la frente. Hubiera preferido un beso suyo al de Claudio. Pero terminará siendo el noviecito de Mónica. No sé por cuánto tiempo, claro. No le duran; es demasiado rebelde. O “personal”, como dice la estúpida de mi amiga Amalia. Pero qué “personal”... ¡caprichosa! Ojalá no le dure ese chico y yo pueda llevarlo a la cama. Apenas lo vi me di cuenta de que es uno de los pocos que me podría devolver el orgasmo.

Pero, ¡qué escribo! ¡Estos pensamientos son una mierda! Los voy a tachar.

Reconozco que estoy a la deriva. Cada vez peor, y no sé cómo remediarlo. Mi vida es un hueco infinito.

Ayer navegamos y hoy reanudé mi dorada rutina. ¿Qué puedo añadir de interesante sobre mi rutina? ¿A quién le puede interesar? Creo que ni a mí, cuando relea estas hojas.

Hoy es lunes al final de la tarde. Como siempre, me levanté a las diez, aplastada por somníferos, para que el día fuese más corto. Me di el baño de inmersión que Marta tenía listo con sales y espuma aromática. Ella me ayudó a secarme y me masajeó el cuello y la espalda. ¿Con quién desayuné? Con el perro, por supuesto; se sienta a mis pies y me lame las medias. Después pasé a la sección chismes por teléfono. Hoy despellejamos de nuevo a la estúpida de Amalia. Dos horas para arrancarle la piel a lonjazos. Dos horas.

Marta me preguntó qué cocinar, de buena que es. Sabe que hace rato no me importa un perejil la cocina ni la casa. Le contesté con un movimiento de la mano que interpreta perfectamente. Al principio me había interesado decorar la residencia, embellecerla con objetos nuevos. Eran nuestros primeros años en este país, cuando celebrábamos el ascenso social y éramos felices con la adopción de nuestra hija. Pero después caí en la cuenta de que a Wilson mis afanes no le movían ni el pelo de una ceja. En verdad, hace rato que nada mío le importa, salvo usarme. No es el Wilson que conocí en la calle Larimer de Denver. Me lo han cambiado. La Argentina me lo ha cambiado. Ahora prefiere putas caras o vaya a saber qué tipo de mujer. Ni me quiero enterar. Pero yo no consigo prenderle el fuego del amor ni con un fuelle de herrería. Nuestro vínculo se acabó. Es decir, perdura por una sola causa: Mónica. Sí, por ella solamente.

A la tarde fui al instituto de belleza. Me relaja el lavado y el dulce frotamiento del cuero cabelludo. Fue bueno, porque me hizo tomar conciencia de que no debo pensar en Damián, porque es un chico que trajo Mónica para ella. Tengo que sacarlo de mis fantasías. Pero ahora vuelve y empecé estas anotaciones con su nombre.



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